Fallan todos los días, en los juicios laborales, en los civiles, en los concursos y quiebras, en un homicidio o en el robo de una bici.

En actos de corrupción (acá un poco, mejor dicho, muchísimo menos).

En un desalojo o en una causa entre la Nación y las Provincias.

Fallan.

Son los dueños de nuestra libertad y de nuestro patrimonio.

Nos casan y nos divorcian, disponen con quien se quedan nuestros hijos, adonde van los que quieren ser adoptados y quien paga los alimentos.

Son los dueños de nuestros sentimientos y deseos.

Fallan para darnos una silla de ruedas o un médicamento de alto costo.

Son los dueños de nuestra salud o nuestra enfermedad.

Fallan, están para eso.

Ya no discutimos la demora de los procesos, eso es anecdótico.

NOS FALLAN A LA SOCIEDAD.

Los dueños de todas nuestras vidas cómodamente sentados en sus despachos de los PALACIOS DE JUSTICIA, no rinden cuentas a nadie, ni hablar que a muchos

NO LES CIERRAN LAS CUENTAS.

No pueden con la inseguridad, con los corruptos, con los narcos, con los usurpadores. No juzgo siquiera porque no lo hacen. Puede que sean corruptos, vagos, ineptos, miedosos, cómodos. Da igual a esta altura.

NOS FALLAN.

Ya no les cree nadie, mérito hicieron.

Pobre y perdida una sociedad que debe juzgar (solo en su conciencia) a los Juzgadores.

CLARO QUE NO SON TODOS IGUALES, pero en ciertas profesiones, como en esta, SE DEBERÍA INVERTIR LA CARGA DE LA PRUEBA.

Daniel Spadone

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