Una mujer ganó el Campeonato Nacional de Asadores, la última barrera que debimos defender a capa y espada.

Años de leña, carbón, fanfarronear en los bares quien era el mejor asador, sacándose "chispas" en las mentiras. El trofeo que más se disputaba, tanto como ver quien la tiene más larga. ¿Todo para qué? Para q hoy nos humillaran.

Que hagan asado, está bien es parte de la igualdad, pero que nos ganen... ¿cómo nos descuidamos tanto? ¿Mañana como salimos a la calle?

Ni Nostradamus pudo predecir semejante cosa. No se le ocurrió ni a Julio Verne.

Si nos viera José Hernández con los ojos del Viejo Vizcacha no podríamos sostenerle la mirada ante semejante papelón.

Aplaudimos y las acompañamos en todas sus conquistas, pero acá se fueron al pasto. ¡Con el asado no!

Lo único que nos queda como defensa es que se hizo en el Obelisco, en el corazón de la ciudad del sushi y los rolls, de Mc Donalds y Mostaza, de los panchos y los choris (si los traemos los peronistas).

¡El concurso al mejor asador en el Obelisco! Es como si eligiéramos la reina de la Nieve en Corrientes. La fiesta de la corvina en Santiago del Estero, la del chamamé en La Rioja, la de la Chaya en Misiones, la de la yerba Mate en Tierra del fuego.

Parece que nada está en su lugar en este país, al final la única que como Discépolo con su "Cambalache" no se equivocó fue María Elena Walsh con su "reino del revés".

Muchachos, como diría Francella, ¡a comerrrrrrlaaaaaaa!

Ahh el domingo, hagamos las ensaladas, ordenemos la picada, que la patrona toca la parrilla.

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