Cuánto ruido, mucho, mucho ruido. Estremecedoras palabras sin contenidos, mentiras por necesidad, mentiras por obligación, mentiras por posicionarse. Mentiras.
Obsecuencias por miedo, por brutos, por buscas, por falta de convicciones. Aduladores.
Desinformación buscada y por ignorancia, por plata, por puestos. Desinformación.
Ruido mucho, mucho ruido.
Mientras tanto en el barro, en las fábricas, en las calles, en las Pymes, en las universidades, silenciosamente esta la gente tratando de buscar una idea rectora que los sustente. Un por qué seguir como los más mancos siguiéndola remando.
No saben de internas bulliciosas que atrasan. De miedos políticos a jugar con las cartas sobre la mesa, con reglas claras. Sin dobles discursos ni golpes bajos.
Lo vimos estos días en materia de discapacidad poniendo a los más vulnerables y necesitados del sistema: los beneficiarios como escudo, tratando de instalar un ajuste que no hay. Y no los hay porque el peronismo por ideología y convicción defiende derechos, los amplía, los mejora. Porque así nació, pariendo derechos.
Pero además por ley no se pueden violar los mismos, ni ajustar, ni quitar o retroceder.
Claro que veo funcionarios que no funcionan, que están cómodos respirando con un sorbete debajo del agua, sin hacer la más mínima ola, no vaya a ser cosa que la sociedad lo interpele. Revolucionarios de papel pintado. Cómodos o acomodaticios.
Pero veo muchos y los más, que nos comprometemos, que damos pelea contra la insoportable burocracia.
Que intentamos salir del círculo de Confort y peleamos contra la frase más nefasta: siempre se hizo así.
Somos más los que nos acostamos angustiados por todo lo que hay que hacer mañana, que los que piensan como joderle la vida al otro.
Somos muchos, somos más los que nos ponemos la camiseta del lugar que ocupamos, que entendemos que mejor que mandar es persuadir.
Somos muchísimo más pero menos bulliciosos.
Como es posible que habiendo más bien que mal, el mal trabaje tan bien y el bien lo haga tan mal.