Un funcionario vinculado a trenes, militante del Frente Renovador que como es un hecho concreto administra los ministerios de transporte de Nación y provincia de Buenos Aires, el Doctor Jorge Eterovich, que además viene pregonando que el ruido maravilloso del crujir de las patas de hierro y el silbato único e irrepetible llegue a Arrecifes. El que emociona a los viejos llevando a su imaginación en retrospectiva, a sus sueños de pañuelos de estación, de amores de despedida y abrazos de reencuentros. Digo sueña y labura para que esa realidad se concrete.
Y por otro lado el intendente, de otro palo, como se dice en la jerga, apoyando la iniciativa, cooperando, seguramente porque encontraron un mínimo común que los junte a seguir con un máximo común que los divida.
Digo juntos, cada uno con sus roles y con sus roces, ¿por qué no? Es la política la sumatoria de convicciones y la defensa de ellas. Pero nada que no se pueda resolver con el arma más maravillosa con las que fuimos dotados los humanos: la palabra.
Tuve oportunidad de ver la muestra, fue una obra maravillosa, un viaje a la Argentina del esplendor, de la calidad como servicio.
Hay pibes q se subieron por primera vez a un tren. Hay viejos que lagrimean porque pensaron que se morían sin escuchar el sonido del convoy que anunciaba que había movida ese día, y puntual como les gusta a los ingleses, era una fiesta.
Se ilusionaron los unos y los otros.
Y esas lágrimas no serán en vano sino el combustible que reemplace el carbón que los impulsaba, por la fuerza de lo nuevo que vuelva a enamorar a los pibes que solo vieron un tren cuando los construían con los ladrillitos.
En Arrecifes pasó algo maravilloso que los referentes más importantes de la política local, Eterovich y Olaeta lo hicieron juntos, cada cual aportando lo propio para que lo disfruten los Suyos, los arrecifeños.
Que por una vez hagan políticas de Estado en temas concretos y así sólo así, vayan sobre ruedas a una nueva forma de hacer política; que siempre este el humo blanco, como el de las locomotoras. Así los dirigentes estarán en la cabina y el pueblo en los vagones y no mirando desde el andén blandeando pañuelos como Penélope.