Si te caés una vez, te levantás unas diez, unas mil, unas quinientas escribía Almafuerte y encaja a medida con Sergio Massa.

Inoxidable, camina a coronar su carrera política como Presidente, su sueño eterno.

A los 10 años, cuando la maestra les preguntó qué quería ser cuando fuese grande, entre los bomberos, abogados y policías de sus compañeros, Sergio Tomás dijo Presidente.

Y no se quedó esperando la Estrella de Belén que guió a los Reyes Magos, se preparó y dio todas las batallas para sortear los miles de obstáculos.

Pone el pecho siempre y así se subió al toro mecánico del Ministerio de Economía y lo atacó al palenque.

Animal político que gambetea y hace jueguitos con la pelota mientras piensa en su objetivo, como esa imagen del Diego en Fiorito cuando decía “mi sueño es jugar un mundial”.¡Y vaya si lo cumplió!

Así, hoy, enfundado en el desafío de ser candidato, cambió la onda en el peronismo que deambulaba en busca de ideas y pragmatismos que lo sustenten.

Y ahí está él, en el desafío de su vida, pero no está solo, estamos los militantes que venimos calentando en el banco con las ganas de salir a la cancha a decirle a los argentinos: vamos, vengan, volvamos a ilusionarnos

¡Subamos las banderas de la esperanza, pongamos a Massa de Presidente!

No se trata de derechas o izquierdas, de más o menos peronistas, de si sos de uno o de otro, sino de recuperar la autoestima como país y la del peronismo.

Basta de avergonzarnos de ser el chori y el bombo, la mística, el corazón que late cuando nos ponen un desafío. También somos derechos y alegrías, cultura e historia.

¡Vamos carajo! Caminemos con la frente alta, boleta en mano y digámosle a nuestros vecinos que nos equivocamos pero que sabemos corregir y que el peronismo cuando se pone de pie es invencible.

Escuchemos de fondo nuestro himno: ¡todos unidos triunfaremos!

Joaquín V. González en su Lección de Optimismo dice “trabajo va a tener el enemigo para desalojarme del campo de batalla, mi estrategia es infinita. Parecen palabras pensadas en nuestro candidato.

¡Habemus candidato! Pongamos Presidente.

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