Parecería una comedia sino fuese que el final puede ser tragedia.
Como si se tratase de una obra de teatro en varios actos, donde el personaje principal va mutando, y pasa en cuestión de horas del amor al odio, o mejor dicho de la ira desencajada disparando dardos hirientes contra todo aquel que piense distinto o que no abone sus disparatas teorías sin otro fundamento que su propia locura, a la cordura impostora que no puede sostener.
Como en el teatro, una sola cara varias caretas a las que se le empezó a ver los hilos que las sostienen.
Como en los espectáculos de su novia, Fátima, donde sin razón de continuidad entra una imitación tras otra en forma de grotesco desopilante.
Van desde el loco de la motosierra hasta el eliminador serial de ministerios.
Todos los actos atravesados por un denominador común: la violencia.
Arremete contra el Papa, las mujeres, las personas con discapacidad, los gays, Lula o los chinos. Adjetiva con feos, viejos y sucios. Todos ellos van pasando por los distintos decorados que van desde la elegante mesa de la inoxidable Mirtha hasta los aplaudidores seriales de Viale y Feinmann, que lo entrevistan dejándole la pelota debajo de los 3 palos, solo les falta decirle: ¡toma, empújala! Esta escena es la más divertida, ponen caras de circunspectos, atildados, prolijos como si se tratase de una entrevista a un estadista, cuando todos nos damos cuenta de que es una parodia. Risas.
En la primera actuación sale vestido de verde dólar que a medida que va pasando la obra se lo ve desteñido, desdibujado con tendencia a desaparecer sobre el final.
Todo es mal gusto, aunque en uno de sus guiones dice: “somos distintos en todo, superiores hasta estéticamente” sic. Risas.
A los actores de reparto les tocó un guion en blanco y negro, una negacionista en falcón verde, que insulta a la platea revolviendo una herida que entre todos intentamos que cierre.
El nene pajero que vive de sus padres, que agita, se cree inmune, ganador, canchero. Un provocador nato.
La hermana titiritera que está enojada porque ahora debe compartir los hilos con el nuevo director, Mauricio, que lo tomó por asalto, a lo mafioso, cínico e inescrupuloso. Hay que reconocer que este papel le sale perfecto, no hay nada que hacerle se nota cuando algo está ensayado toda la vida o cuando hay un gran maestro, un tal Franco.
La escena de la piba despechada, la tira bomba en jardines de infantes, es de las ingeniosas, en un chasquidos de dedos, un domingo mediante, pasó a ser la Sra Bullrich, como en el tango, ya no sos mi Margarita ahora te llaman Margot.
Hay personajes que quieren comprar el mar y delfines, otras que blasfeman crucifijos. Una muy creativa que compara a los gays con tener piojos, si si !!! juro que es cierto.
La que desprotege a los niños porque le pincharon el forro, y así van pasando una locura tras otra.
Hay públicos que aplauden y otros que, acongojados, lloran.
Todo parece una ficción, un sainete, un cuento chino, sino fuese tan real como preocupante.
El 19 TODOS DE PIE, NO PARA APLAUDIR SINO PARA FRENAR ESTA LOCURA.
Que sea solo un mal recuerdo, Vamos Argentinos, PUDIMOS VARIAS VECES PODEMOS AHORA.